Las tareas de un traductor autónomo

A partir del 2 de julio, hace dos semanas, mis tareas cambiaron radicalmente: Isabel ya no me dio una lista de tareas, sino que empezó a actuar como cliente y yo, como una traductora autónoma que ofrece servicios de traducción.

En primer lugar, redacté dos correos para ofrecer mis servicios de traducción. Uno iba dirigido a una agencia de traducción y el otro, a una notaría, es decir, a un intermediario y a un cliente directo. A la hora de redactar este tipo de correos tuve en cuenta varios aspectos:

  • El destinatario: lo ideal es que nos informemos sobre el cliente en potencia al que le vamos a enviar el correo, con el fin de redactarlo de la forma más personalizada posible. La actitud del destinatario (que normalmente será un profesional ocupado con poco tiempo para dedicarnos) será mucho más positiva hacia nuestro correo si percibe que hemos dedicado tiempo a conocer su negocio y, en consecuencia, le ofrecemos unos servicios que se ajustan perfectamente a sus necesidades.
  • La dirección de correo: se debe procurar que la dirección sea la de una persona en concreto, en lugar de la típica info@….com: así las posibilidades de que lean nuestro correo aumentan bastante.
  • El asunto: debe ser claro y descriptivo, con el fin de que nuestro destinatario no dude en abrir el mensaje.
  • El mensaje: lo primero es presentarnos, decir quiénes somos y por qué escribimos el correo. A continuación, describir nuestros servicios adaptándolos todo lo posible al cliente en cuestión, es decir, incluir la parte de nuestros servicios que vaya a necesitar el cliente en potencia. Habría que destacar también nuestros puntos fuertes y explicar por qué somos los traductores idóneos para ese destinatario. Por último, indicar que si el cliente requiere más información visite nuestra página web o nos consulte directamente.

En resumen: se trata de vendernos, de ofrecerle al cliente de forma atractiva y breve lo que él aún no sabe que necesita, es decir, nuestros servicios de traducción.

Isabel también me explicó cómo funciona Trados 2007 y los principales atajos de teclado para poder trabajar de una forma mucho más rápida. Estas dos entradas de su blog resumen los atajos y trucos que me explicó: aquí y aquí. Esta otra entrada explica los trucos para mejorar la productividad con Trados 2007.

También me explicó cómo usar Xbench (que se puede descargar gratuitamente desde aquí) y lo útil que resulta para hacer controles de calidad. El punto 2 de esta entrada explica para qué sirve.

Después de esto, Isabel me envió varios correos en los que adoptaba el papel de diferentes clientes ficticios:

  • El primero de ellos, una agencia de traducción, me envió una prueba de traducción económica de 300 palabras.
  • El segundo, también una agencia de traducción, me pedía que le hiciese un presupuesto para una traducción turística de 2 400 palabras. El mensaje tenía una pequeña trampa: no llevaba archivo adjunto, y nunca se debe realizar un presupuesto sin haber visto antes el texto. La razón es simple: debemos asegurarnos de que el tema y la extensión del texto coincidan realmente con lo indicado por el cliente y de que el texto no tenga un formato complejo, ni una terminología más complicada de lo esperado.

Le envié el presupuesto al cliente 2, a partir de la plantilla que ya había creado, y me lo aceptó: ya tenía mi primer trabajo. En un principio dudé sobre si sería capaz de realizar esta traducción en cuatro días laborables, con un fin de semana de por medio por si me veía muy apurada, ya que nunca había hecho una traducción así de larga con ese plazo. Pero después de hablar con Isabel, estuvimos de acuerdo en que al menos lo tenía que intentar.

Un día después, cuando yo ya estaba enfrascada en la traducción turística me llegó un correo de un señor alemán (otro cliente ficticio) para hacer una traducción jurada de un certificado. Se trataba de un texto bastante corto, pero en formato PDF. Le hice el presupuesto indicando la tarifa mínima que ya tenía calculada y un recargo por los gastos de envío por correo certificado. La fecha de entrega era un día después del de la traducción turística. El único fallo fue la tarifa: no tuve en cuenta el formato ni el hecho de que se trataba de una traducción jurada, con el consiguiente desplazamiento a correos para enviar la traducción, factores que encarecen el servicio. Así que me pillé un poco los dedos porque la tarifa mínima que le indiqué estaba calculada sobre la tarifa para una traducción normal.

Ese mismo día, recibí otro correo del cliente 1, no había pasado la prueba de traducción, pero me enviaban una traducción sobre las características técnicas de un modelo de coche. Me adjuntaban también una memoria de traducción con la terminología vinculante y el cálculo de la tarifa descontando coincidencias con la memoria y repeticiones. En ese momento me vi un poco agobiada, pero como dijo Isabel, todo es cuestión de organizarse. Me amplió la fecha de entrega de la traducción técnica un día, con lo que tenía cinco días para hacer esta traducción una vez terminadas las demás.

Isabel también me indicó que contara las horas que le dedicaba a cada proyecto, para saber qué tipo de trabajo es más rentable. La rentabilidad de una traducción con una tarifa más baja, pero que realizamos más rápido será mayor que la de otra con una tarifa más alta a la que deberemos dedicar muchas más horas. Así pues, lo realmente importante no es la tarifa por palabra, sino lo que ganamos por hora trabajada.

Al día siguiente me llegó otro correo con el nombre de una agencia de traducción conocida por su largo historial de impagos. Yo les respondí como a los demás clientes, pero Isabel me pregunto si había buscado la agencia en internet. No lo había hecho. Gran error por mi parte, pues se trata de una agencia que se ha visto envuelta en varios casos de estafa a traductores. Lo mejor en estos casos es declinar su oferta con alguna excusa o, si se es valiente, decir claramente  por qué no estamos dispuestos a trabajar con ellos. De esta forma no correremos peligro de que nos estafen.

Ya no recibí más correos de clientes, así que pude dedicarme por completo a hacer el trabajo. La traducción turística la terminé a tiempo y tuve tiempo de sobra para revisarla y pasarle los controles de calidad de Xbench y el corrector ortográfico de Word. La traducción jurada también la entregué el día acordado. En el correo electrónico que le envié al cliente, le indiqué que ya le había enviado la traducción por correo certificado y le dije el número de envío (ficticio) y las páginas para comprobar el estado del envío en Correos y en Deutsche Post.

Con la traducción técnica tuve algunos problemas al principio. No sabía cómo buscar en la memoria la terminología vinculante y el texto estaba plagado de palabras técnicas. Isabel me explicó que para buscar coincidencias debía seleccionar el término y pulsar Alt + flecha arriba. Una vez aclarado esto, todo fue mejor, aunque iba realmente lenta a causa de la terminología, ya que había frases en las que solo entendía los conectores y las preposiciones. La parte buena es que como todos los términos se repetían bastante, al final ya no necesitaba buscarlo absolutamente todo.

Con esta traducción solo me retrasé 12 minutos de la fecha y la hora de entrega, pero Isabel me indicó que a la próxima avisara al cliente en caso de retrasarme un poco, ya que eso da una imagen profesional y tranquiliza al cliente.

Todos estos trabajos los estoy registrando en el documento de Excel que creé en la primera tanda de tareas; así llevo un registro y una contabilidad del trabajo realizado. He añadido una columna más donde indico el tiempo que invierto en cada proyecto.

Eso es todo por ahora. Os seguiré contando todo lo que voy aprendiendo.

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Laura
    Jul 19, 2012 @ 21:43:19

    ¡Madre mía! Que ocupada has estado, ¿no? ¡Y con trampas y todo! me he estresado un poco sólo de leerte jajaja Sigo pensando que son unas prácticas muy buenas con las que aprender un montón. ¡Enhorabuena! y gracias otra vez por compartirlo con nosotros 🙂

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